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Recortes de Prensa

Miércoles, 23 de agosto de 2006

¿CUENTA REGRESIVA PARA UNA NUEVA CATASTROFE EN EL LIBANO?

* Por Horacio Calderon

Introducción

Aunque el reloj de ciertas catástrofes no relacionadas con las fuerzas de la naturaleza -tal el Huracán Katrina o el pasado Tsunami- suelen carecer de un calendario preciso, al menos para aquellos simples mortales que observamos y analizamos los acontecimientos mundiales, el resultado del conflicto entre Israel y el Hizballah, y la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU con su casi imposible implementación, sólo permiten percibir un nuevo desastre en el ya martirizado Líbano.
Resulta claro además que el Hizballah ha sumado a la sorpresa de su victoria política, militar, psicológica y comunicacional sobre el Estado de Israel, el hecho de poseer un nuevo e invalorable “arsenal” para la etapa de la post-guerra, como es por ejemplo una cantidad indeterminada de millones de dólares en efectivo -suministrados casi seguramente por Irán antes del inicio de las hostilidades- para paliar las necesidades de aquellas familias que perdieron sus viviendas como consecuencia de los bombardeos israelíes.
No existe dinero en el mundo, desde luego, que devuelva la vida a la enorme cantidad de civiles inocentes -incluyendo centenares de mujeres y niños-, asesinados por la cobarde utilización que hizo de ellos -cual escudos humanos- el movimiento terrorista Hizballah, con la funcional ayuda de Israel, cuyas acciones deberían ser adecuadamente investigadas.
La situación actual -en definitiva- no augura una probable evolución que culmine en la implementación de lo resuelto en el Consejo de Seguridad de la ONU. Por el contrario, todo parece encaminado hacia un nuevo estallido, en el que podrían participar esta vez y de manera directa otros actores regionales y extraregionales.

La Resolución 1701

Tal cual fuera manifestado en un boletín anterior, no resulta para nada claro de qué manera la ONU va a resolver los problemas que puede originar el lenguaje de la Resolución 1701, más propio del Capítulo VII: Acción en Caso de Amenazas a la Paz, Quebrantamientos de la Paz o Actos de Agresión (Artículos 39-51), que del Capítulo VI: Arreglo Pacífico de Controversias (Artículos 33-38) bajo el cual ha quedado encuadrada.
La actitud de numerosos países -comenzando por Francia, coautora de la Resolución mencionada-, que descartaron enviar efectivos bajo semejantes condiciones, prueba las falencias de un instrumento aprobado con demasiada premura y bajo enormes presiones, con el objeto de obtener un cese del fuego y el esperado alivio para las poblaciones libanesa e israelí.
Tampoco se establecieron "reglas de compromiso" ni se autoriza el uso ofensivo de la fuerza contra cualquiera de las partes que quiebre el cese del fuego establecido.
El ridículo y contradictorio lenguaje de la Resolución 1701, llama incluso a los Estados a refrenarse de vender armamento al Hizballah, pero no autoriza a alguno de estos a hacer cumplir un embargo que impida nuevos envíos.
La fórmula de tal Resolución resulta mas grave en el caso del Líbano, ya que la experiencia ha demostrado que las fuerzas de mantenimiento de la paz de la ONU sólo han tenido éxito operando en apoyo de acuerdos formales de paz entre Estados u otro tipo de actores enfrentados.

El movimiento Hizballah frente a la situación actual



Siendo el bando que ha triunfado en la etapa pasada del conflicto, por más que quiera “edulcorarse” el resultado, resulta extremadamente difícil que exista forma alguna de coerción política o militar al Hizballah por parte de la UNIFIL -reforzada con las fuerzas armadas del Líbano y de diversos países que como Italia han comprometido su participación-, para imponerle el cumplimiento de la parte correspondiente de la Resolución 1701 de la ONU.
Frente a esa dura realidad no existen demasiadas salidas: o el Hizballah acepta desarmarse -tal vez sumando sus efectivos y el material bélico oculto a las fuerzas armadas regulares del Líbano, como paso previo a una etapa política posterior-, o este país podría enfrentar una nueva y esta vez más sangrienta escalada bélica con Israel, si no una guerra civil que involucre otros sectores internos que comienzan a avizorar la fundación de una especie de “Hizballahstan” en parte de su propio territorio.
La muy inteligente y sin duda refinadamente elaborada estrategia del Hizballah, no puede tener otra dirección que convertir al Líbano en parte de un frente iraní contra Israel, transformando al país de los cedros en un Estado espejo del fundado por el ayatolá Ruhollah Jomeini, e involucrando a las fuerzas palestinas -o bien parte de ellas- en su acariciado proyecto regional.
Cabe aquí destacar que si bien Irán -como el Hizballah- lidera la rama chiíta del Islam extremista y está enfrentado a la red Al-Qaeda, mantiene muy buenos lazos con movimientos palestinos sunnitas como HAMAS y la Yihad Islámica, a los cuales provee de cuantiosos fondos.
Los ataques indiscriminados de Israel contra blancos palestinos -incluyendo la destrucción de infraestructura civil en sus ya paupérrimos territorios- no han logrado otro resultado que aumentar la adhesión popular a las organizaciones islamistas. Comparte así el Estado judío la misma ceguera que caracteriza a las acciones de EE.UU. en Irak, que ha sumido a este país en el caos, el sobresalto y en el camino hacia la guerra civil y su probable desintegración; además, en un odio profundo -obviamente comprensible- hacia todo aquello que represente los “valores” (léase mejor "disvalores") de Occidente.
Siendo Hizballah parte del sistema político libanés -con catorce legisladores propios, cuatro más adheridos y dos miembros del gabinete de ministros- debe comprender mejor que nadie la muy ambigua autoridad de UNIFIL en el sur del país, a lo cual se suma la debilidad que implica que esta fuerza hará lo posible “dentro de sus capacidades”, con el objeto de prevenir acciones hostiles en el área de operaciones a su cargo.
Resulta ingenuo suponer que UNIFIL estará en condiciones de imponer condiciones por la disuasión o la fuerza al Hizballah, cuando ni siquiera pudo lograrlo Israel con todo su poderío bélico.
Los cuadros de Hizballah circulan ya en el sur encubiertos como “comités de seguridad”, relevando y evaluando daños, y repartiendo dinero a manos llenas a pobladores afectados, sin discriminar si estos son musulmanes o cristianos. Dato este último a tener muy en cuenta, ya que este movimiento compró incluso voluntades que eran consideradas hasta hace pocos años “colaboradores” de Israel.
Resulta dudoso -dado el ambiente reinante en todo Líbano-, que el ejército de este país intente siquiera desarmar a quienes realizan aparentemente tareas de socorro civil y asistencia social.
En consecuencia, la desmilitarización de la región sur se presenta como una quimera y la dura realidad indica que si las fuerzas regulares libaneses y UNIFIL pueden desplegarse en el sur -contando con la ventaja de no tener como mandato desarmar al Hizballah-, no habrá de suceder a pesar de lo que dicte Hassan Nasrallah, sino con su exclusivo consentimiento y permiso.
En cuanto al resto del país y más precisamente en los bastiones de Hizballah en el valle de la Bekaa y el sur de Beirut, habrá de resultar una misión casi imposible disminuir el liderazgo creciente de Hizballah y su carismático líder, como asimismo lograr la disolución de su brazo armado, tal cual ha sido ordenado por la Resolución 1701 y la precedente 1559/2004 del Consejo de Seguridad de la ONU, entre otras providencias del alto organismo mundial.

La actitud de Israel

El Estado de Israel se encuentra sumergido en una crisis política internas sin precedentes, cuyas raíces podían advertirse tiempo antes de la finalización de las acciones militares, como se informó también en el boletín titulado “Un sugestivo cambio en el Alto Mando de Israel advierte sobre una potencial y más dura ofensiva”, del día 8 de agosto pasado.
Cierto es que históricamente y en tiempos de guerra los dirigentes israelíes -aunque exceptuando tal vez los tiempos de Ariel Sharon-, derivaron las principales decisiones estratégicas militares en manos de la conducción de sus fuerzas armadas. Pero si bien no cabe duda que el peso de la derrota corresponde al Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) -máxime porque el gobierno actual es de poca data y sus dirigentes carecen de conocimientos ni experiencia militar alguna- la responsabilidad máxima está en manos de quienes tienen la responsabilidad de la toma de decisiones estratégicas nacionales.
Las FDI han violado recientemente el cese del fuego estipulado por la Resolución 1701, mediante la ejecución de una operación también fallida de una de sus unidades de comando de elite.
Asimismo, han prometido que atacarán blancos que consideren peligrosos para su seguridad, trátese de cuadros importantes de Hizballah, o lo que las FDI identifiquen como depósitos de misiles, suministro de material bélico desde el exterior, o transporte de cargas sospechosas circulando por líneas interiores del territorio.
Tales actitudes poco ayudan a mantener el frágil equilibrio que separa la situación actual de un nuevo estallido, aunque puedan resultar comprensibles ante el vacío de poder creado por las falencias de la cuestionada Resolución de la ONU.



Conclusiones e ideas finales




La Resolución 1701 es un instrumento no sólo inútil sino también peligroso para asegurar la paz, la estabilidad y la reconstrucción del Líbano.
Una situación explosiva, sin lugar a dudas, que mantiene al Líbano a un paso del abismo.
No puede existir otra solución inmediata -para prevenir una nueva tragedia- que revisar la Resolución 1701 -en su espíritu y en su letra- y reemplazarla por las providencias insertas en el Capítulo VII de la Carta de la ONU: Acción en Caso de Amenazas a la Paz, Quebrantamientos de la Paz o Actos de Agresión (Artículos 39-51).
Tal providencia podría otorgar la autoridad suficiente para que una fuerza multinacional interviniente tuviera la suficiente autoridad para imponer el cumplimiento de los objetivos dictados en una nueva resolución, como sucedió en el Líbano a principios de la década inaugurada en 1980.
Haciendo hincapié en que Hizballah había rechazado esa posibilidad y amenazado con enfrentar a las fuerzas multinacionales, no se advierte otro camino si se desea realmente detener la cuenta regresiva que parece conducir a una nueva catástrofe en el Líbano.
El presente análisis resultaría sin duda parcial, además de injusto, si no se señalara que resulta perentorio detener y si es necesario sancionar la agresiva política de Israel en la región de Palestina y todo el Cercano y Medio Oriente.
El Estado judío debe sujetarse a las normas del Derecho Internacional, del Derecho de Gentes, de las Convenciones de Ginebra y sus protocolos adicionales, del Derecho Humanitario y de la misma Carta de las Naciones Unidas, que ha violado históricamente y de manera sistemática, gracias a la protección que le otorga el derecho de veto de su principal aliado estratégico: los Estados Unidos de Norteamérica.
No habrá solución alguna a la situación mesoriental, mientras el Estado de Israel no devuelva los territorios capturados en 1967 -que incluyen el sector oriental de la ciudad de Jerusalén- y respalde decididamente la creación de un Estado palestino, soberano e independiente.



HORACIO CALDERON
Experto en Medio Oriente y Africa del Norte
Especialista en Contraterrorismo

Por: fabian paez | Asi piensan, asi escriben | Comentarios (0) | Referencias (0)

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